| Título: JUGUETE DE PODERES EXTRAÑOS
Autor: Héctor Peña Díaz
Género: Ensayo Social
Número de páginas: 120
ISBN: 99922-96-63-4
Precio: $6 USD
Año de publicación: 2003

JUGUETE DE PODERES EXTRAÑOS
La vida humana en la tierra está amenazada y a menos
que ocurra un milagro: la píldora de la inmortalidad,
dentro de unas cuantas generaciones no habrá quién
escriba las elegías. La continuidad de la vida, río de sangre
que ha hecho posible la historia, ese espíritu fraguado
en el acontecer humano, es lo que está en peligro.
Hegel decía que el hombre es el único animal que tiene
conciencia de la muerte y ello lo impele a dejar un rastro
de su paso terrestre. Todo carecería de sentido si el
hombre fuera inmortal: la guerra, el hambre, el poder, la
literatura, los sueños... Es el terror a la muerte la levadura
de los reinos milenarios, el pilar sobre el cual se construye
la ambición humana y de manera paradójica, el espíritu
alienado en la esperanza de una vida ultraterrena, o
entonces, como en palabras angustiadas nos dice Hamlet:
¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del
mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio,
las congojas del amor desairado, las tardanzas de la
justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que
el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando
uno mismo podría procurar su reposo con un simple
estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir
y sudar bajo el peso de una vida afanosa, sino fuera
por el temor de un algo después de la muerte...1
Sobre esa fragilidad humana, hecha de finitud y necesidades
(el ser sufriente de que hablara Ficte), se han
levantado poderosas las ideologías religiosas y políticas, la
compleja trama del poder, sus policías y leyes, los imperios
que tenían el privilegio de hablar en nombre de los dioses y
someter a sus conquistas, los que nombraba extraños o
bárbaros.
Todo poder le tiene pavor a la muerte (o al vacío como
lo pensara Foucault) y sueña con la inmortalidad. Las
tumbas de los faraones, los planos megalómanos de
Hitler, las catedrales de la iglesia católica, dan “fe” de esta
sentencia. A la humanidad le costó muchos siglos derribar
mitos y supersticiones, como el origen providencial de los
reyes y la desigualdad jurídica —en la que cada cual pertenecía
para siempre al orden o al azar de su nacimiento—.
El puente del súbdito al ciudadano sólo ha sido
atravesado con toda su carga de transformaciones históricas
por Occidente. Los bueyes que arrastran la carreta
de los pueblos son la democracia en lo político y el lucro
en lo económico (otros, le llaman crecimiento o desarrollo),
pero la carreta está llena de joyas y venenos del pasado.
Nadie puede negar la honda revolución humana que
significó la irrupción del individuo en la historia, su reconocimiento
y conciencia como sujeto de derechos, ha sido
el motor de una lucha que no cesa, entre la razón de estado
y los privilegios del poder frente a la dignidad humana y su
potencial crítico de toda forma de dominación.
1 Shakespeare William, Hamlet, en Obras completas, Editorial Aguilar,
Madrid, 1950.
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